Teología de la creación

Cristo, Centro Ardiente del Universo

El hombre no fue creado para ocupar el trono del cosmos, sino para ser amigo del Novio, sacerdote de la creación y camino vivo de retorno hacia Dios.

El centro del universo no es el hombre

En el plan de Dios, el centro del universo no es el hombre, sino Jesucristo, el Verbo Encarnado: el Hijo eterno de Dios hecho hombre. Dios creó todas las cosas para Cristo. Por medio de Nuestro Señor Jesucristo, en quien el Padre tiene toda su complacencia, y por medio de María, su Madre, llena de gracia, Dios quiso crear al hombre y al universo.

A este Hijo, amado por el Padre, Dios quiso darle amigos. Por eso creó al hombre. En el Evangelio, Nuestro Señor habla de los amigos del Novio. Cristo es el Novio, y la humanidad está llamada a ser su amiga.

A este Hijo tan amado, el Padre le dio una casa y un jardín. Por eso fue creado el universo. El hombre, creado para Cristo, fue amado por Cristo. Por eso somos como un regalo de bondad de Dios Padre a Jesucristo, el Novio.

En Él, por Él y para Él, somos agradables al Padre celestial. Sin Él, no somos nada.

Esto es decisivo para entender la Misa. Nuestros sacrificios solo tienen valor pleno si están unidos al sacrificio de Cristo. Como hemos salido del corazón de Dios para complacer a Jesús, entonces todos somos hermanos. La creación entera es como una atención delicada del Padre hacia su Hijo divino.

La creación como imagen de la fecundidad trinitaria

La creación, llamada a existir por el poder amoroso de Dios, siempre guardará algo de Él, hasta el día en que vuelva a la fuente de su perfección. Allí recibirá de esa misma fuente su perfección final y su belleza completa.

Aquí aparece el plan de la creación como una imagen y una prolongación de la fecundidad de la Santísima Trinidad. El orden de este plan puede contemplarse así:

Creación del cieloEl ámbito superior de la realidad creada, abierto al misterio de Dios y de sus ángeles.
Creación de la tierraLa morada material donde se desplegaría la historia visible del hombre.
Minerales, vegetación y animalesLa preparación paciente del jardín, con sus cimientos, sus frutos y sus criaturas vivas.
Creación del hombreEl rey visible de esa creación; pero rey subordinado, no absoluto.

Aunque el hombre pueda ser llamado rey de esa creación, porque las demás criaturas visibles lo precedieron y prepararon su lugar, no es el fin último de la creación.

El hombre es solo un eslabón de una cadena que termina en Dios. Esta cadena pasa por la Santísima Virgen María. Ella es la joya más amada por Dios, porque en ella se formó Aquel que debía contener y recapitular todas las cosas: Jesucristo.

Todas las cosas fueron creadas por medio de Él y para Él

Cristo es el centro del universo. Él está antes de todas las criaturas: “Él es antes de todas las cosas”. Él es “el primogénito de toda creación”. “En el principio era el Verbo”. Todas las cosas fueron creadas por medio de Él y para Él.

Todas las cosas son por ÉlSin Él nada se hizo de cuanto existe. Él sostiene todas las cosas con la palabra de su poder.
Todas las cosas están en ÉlDios Padre nos bendijo en Cristo con toda bendición espiritual. Antes de crear el mundo, nos eligió en Cristo.
Todas las cosas son de ÉlDios lo constituyó heredero de todo.
Él es el fin“Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último, el principio y el fin”.

El hombre ha salido de Dios y debe regresar a Él. Ese es su destino final. San Agustín lo decía así: “Nos hiciste para Ti, Dios mío, y nuestro corazón no descansará hasta que descanse en Ti”.

La creación vuelve a Dios como un himno

La creación es una obra de pura misericordia. Dios se inclinó hacia sus criaturas por amor. Por eso la creación vuelve a Dios como un himno de oración y de gratitud.

el vuelo de un pájaro un rayo de luz una voz melodiosa una gota de agua una hormiga que se apresura una semilla que brota las estrellas que giran

El vuelo de un pájaro, un rayo de luz, una voz melodiosa, una gota de agua que cae sobre la tierra, una hormiga que se apresura, una semilla que brota, las estrellas que giran sin chocar entre sí: todo eso es conducido por Dios hacia su fin.

Dios puso orden en todas las cosas. Ese orden no existe solo para la utilidad del hombre. Dios lo ordenó primero para el bien del hombre, también para la felicidad de Cristo y, finalmente, para la gloria de la Santísima Trinidad.

El pecado fracturó el universo

El hombre es libre. Por eso puede romper el plan armonioso de Dios. Todo estaba en equilibrio, porque todo tendía hacia Dios. Todas las cosas estaban unidas a Él, porque todas habían salido de Él, fuente de la vida y del ser.

Pero esa unión con Dios debía ser también un acto libre de amor. La libertad que Dios dio al hombre es una grandeza incomparable. Dios recibe así una oración libre, no forzada. Sin embargo, esa misma libertad pone al hombre ante un gran peligro: puede negarse a unirse a Dios.

El hombre podía levantar sus manos en actitud de ofrenda. Pero un día las levantó en un gesto de orgullo y rebeldía. Rechazó su papel de servidor y mediador. No quiso ya vivir como sacerdote de la creación. Quiso “ser como Dios”.

Satanás fue quien volvió a gritar, por medio del hombre, su grito de guerra: “No serviré”.

El cuerpo se sublevaPrimero se sublevó el propio cuerpo del hombre. Apareció el desorden de las pasiones, y los siete pecados capitales comenzaron a empujar sus deseos y sus actos.
La familia se desgarraDespués apareció la discordia en la vida familiar y social. Al desequilibrio interior correspondió el desorden exterior.
La tierra se endureceTambién el mundo animal y la tierra misma dejaron de cooperar dócilmente. Desde entonces, el hombre arranca frutos con lucha y cansancio.

El “no serviré” volvió contra el hombre

Al rebelarse, el hombre fracturó el universo. La creación descansaba sobre él como sobre una piedra angular. Pero el hombre se levantó contra Dios, y la creación, como en coro, devolvió contra el hombre la misma frase que él se atrevió a dirigir a Dios: “No serviré”.

Adán y Eva “se dieron cuenta de que estaban desnudos”. El hombre quedó herido en la armonía de su propio ser.

Después apareció la discordia en la vida familiar y social. Dios dijo a la mujer: “Multiplicaré tus dolores y tus embarazos; con dolor darás a luz hijos. Te sentirás atraída por tu marido, y él te dominará”.

Mirando la historia humana, vemos las consecuencias: conflictos en las familias, guerras entre ciudades, guerras entre naciones, guerras mundiales y revoluciones.

También el mundo animal, sobre el cual el hombre antes reinaba, se sublevó. La tierra misma dejó de cooperar dócilmente con el hombre. Desde entonces, el hombre solo puede arrancarle algunos frutos con lucha y cansancio: “Maldita será la tierra por tu causa; con dolor sacarás de ella tu alimento todos los días de tu vida”.

El hombre quedó herido y desorientado. Desde entonces, el sufrimiento sería parte de su vida diaria: “Con el sudor de tu frente comerás el pan; con dolor darás a luz a tus hijos”.

¿Qué hará Dios ante el dolor de su criatura?

El hombre había sido creado para ser amigo de Cristo, pero se perdió por la desobediencia de Adán. La humanidad, separada de Cristo, quedó sin forma y sin belleza.

Entonces surge la pregunta decisiva: ¿Dios permanecería indiferente ante el dolor de su criatura? ¿Dios castigaría al hombre o lo perdonaría?

Aquí comienza el umbral natural hacia el misterio de la Redención.